February 4, 2008

Sin Recreo

Ella me trataba muy mal. Nunca me pegó pero sus palabras fueron peores que latigazos. Entonces nos juntamos las cinco y decidimos que era momento de vengar todo eso que decía de nosotras. Me enseñaron que yo debía defenderme si alguien me provocaba y que de eso nunca me arrepentiría. Entonces tomé las tijeras y corté. Fue un pedacito pero la cabeza se me llenó de sangre caliente. Me fui a mi lugar. Guardé silencio. Me olvidé.
Bzzzzt!
Luego llegó él a preguntar lo que había pasado. No tenían nombres y querían saberlos. Mi cabeza se llenó de sangre caliente otra vez. Dijo él que estaría en su oficina. Pedí permiso para salir. Mentí porque no fui al baño. Fui a decir la verdad. Yo fui. Fue un pedacito así chiquitititito, le enseñé con mis deditos. Me culpó de eso y más. Se aprovechó porque ya tenía culpable y esa era yo. Citaron a mis papás. Salieron enojados. Yo no entendía nada. Dije la verdad y sólo la verdad. Entonces me dijeron que ya no podía estar ahí. Regresé a mi lugar. Se rieron de mí.
Me llevaron con una experta en esos casos. Dijo que tanto peca el que mata a la vaca como el que le jala la pata. No le entendí porque yo ni le jalé la pata ni la maté y además nunca hubo una vaca involucrada. Sólo fue un pedacitititito así super chiquito. Entré a oficinas que nunca había visto. Ahí no podía yo entrar. Eso era de otras personas o de niños cuyos padres tienen problemas. Me enseñaron que debía respetar y hablar quedito y no pisar fuerte. Pero menos entendí cuando me hicieron repetir la historia más de tres veces a gente que nunca había visto. Caras enojadas tenían todos. No comprendía porque yo era un héroe, yo había dicho la verdad. Luego algo grave sucedió porque me miraron feo, más feo. Yo apretaba los dientes y cerraba mis puños. Ese día conocí el estrés. Él me agarró del hombro y fuimos hasta mi lugar. Se rieron de mí. Otra vez, muchas veces y más fuerte. Cerré los ojos. Pedí no sufrir.
La vecina me llevó a casa. Yo no podía hablar. Quería llorar pero no debía. Eso era de almas culpables y yo no lo era. Abrió la puerta mi papá. Lo abracé. Luego mi mamá. Pero no entendí nada. Dijeron allá que yo era mala y que no debía regresar. Pedí perdón porque eso hace uno cuando alrededor la gente sufre. De pronto ya no tenía lugar en mi mundo. Se acabó. No usé la ropa de siempre al día siguiente y fui tarde, cuando no había nadie en la puerta esperando. No me acuerdo de nada, todo parecía gris o negro. Sólo que se asomaban ellos y me señalaban. Se rieron de mi pero no los oía. Eso me dolió más. El mundo me aplastaba y la burla me succionaba la sangre, un tanto de ilusión y me quitaba mi espacio, la seguridad de rutina. Regresé con mi mamá a casa. Ella estaba preocupada. Lo supe porque tenía la cara estirada y así hace cuando se molesta mucho o quiere gritar y no puede. Luego lloró y me sentí culpable de sus lágrimas. Pensé que de eso me culpaban pero ella dijo que no. Dijo que me ayudaría y que ellos eran unos infelices y corruptos. Me dijo que ese lugar era un nido de delincuentes porque decían mentiras y culpaban la inocencia. Entonces dejé de apretar los dientes y me aventé a sus brazos. Lloré mucho. Eso que tanto me dolía fue la soledad porque yo me sentía hueca. Decidí prepararme para nunca jamás sentir algo así otra vez. Era horrible sentir y no entender. O que dieran explicaciones a sentimientos confundidos. Yo estaba confundida. Y ya no me acuerdo de más.
Luego se enteraron todos y hacían preguntas. Yo no contestaba, sólo apretaba los dientes como hacía mi papá cuando revisaba mis calificaciones y trataba de reír con ellos. Seguía sin entender. Yo hice lo correcto pero estuvo mal. Entonces había que hacer mal para obtener lo correcto. Qué raro era todo. Menos comprendía las razones de su risa en complicidad. Ahí me aplaudían y allá me empujaban por la puerta. Yo gritaba y nadie me escuchaba.
Soñé con ella muchas veces y por la calle o en el supermercado estaba alerta por si aparecía. Me dio mucho miedo verla otra vez. Pregunté a mamá qué debía hacer si ella llegaba al día siguiente. Me dio dinero para poder usar el teléfono público y llamarla en caso que eso sucediera. No hubo necesidad. Pero yo quería correr y esconderme.
Vi a muchos extraños ahí dentro. Dije mentiras sobre mí. Yo me sentí más segura pero muy sola. Era por mi bien, así me dijeron en la casa. Observé a todos. Parecía divertido. Miré mis zapatos y no eran negros, supe que usaría zapatos cafés a partir de ese día. Me veía diferente y decidí serlo. La falda estaba cómoda, podía correr si temor a que se abriera y vieran mis chones. Eso me daba libertad. Nadie se acercaba pero hablaban de mí. Me dio miedo que investigaran mi pasado. Busqué mi lugar. Guardé silencio. Nunca olvidé.

6 comments:

caracol said...

ceteris, siempre siempre despiertas mucha curiosidad en mi, porque dices todo sin decir nada... al menos te leo y siento que no me entero de nada! y luego quiero saber todo, quiero saber más! no es justo! pero bueno, será por eso que sigo regresando.

un beso

caracol said...

que por cierto, tengo que decir que no puedo comentar más sobre tu post por eso, que no entiendo que pasó... pero bueno, si pienso que debió de ser muy duro lo que pasó.

Y es horrible que la verdad no siempre trae cosas buenas en principio, pero estoy segura que al fin ... siempre vencerá, aunque pueda ser de una manera que no eserpábamos e incluso entendamos.

Ceteris Paribus said...

Caracol, me encanta que comentes y que tus visitas sean constantes. Ya sé que dejo cosas en el aire y es un error/cualidad... esto que pasó quedó inconcluso muchos años y hasta hace poco le quité el polvo y traté de unir los pedacitos que salieron. Lo que sí te puedo decir es que ahora estoy mucho mejor. Y me gusta. Y no lo olvido.

caracol said...

bien por ti... no queda de otra mas que aceptar esas cosas y ... a veces, perdonar tambien... para estar uno bien. aunque no olvides!
y a mi me gusta venir psss

*Biquie* said...

Creo que nadie olvida a propósito, sólo pasa con las cosas insignificantes, con las sopas tibias, con las agujetas desamarradas, con las tareas inoportunas; lo triste triste uno a veces se empeña en cerrar y borrar y dejar y desaparecer, pero permanece, como si fuera una costra chiquita que uno se arranca un día y después queda una marquita para-siempre casi imperceptible... casi.

Colores said...

Digamos que entendí todo pero al mismo tiempo: nada. Las sensaciones no podrías haberlas contado mejor, realmente podía sentir todo eso más no pude descubrir el qué ni el por qué de tanto dolor.
besotes!!!!