Soy todo un caso y a veces me odio por eso.
Suelo tener episodios de estrés, marañas en la cabeza, ansiedad, histeria por la desorganización y un sinnúmero de actitudes que atacan a una buena virgo como yo. Y es terrible. Me convierto en el ser más odioso del mundo.
Y hoy sucedió.
Me desperté a buena hora, pero no quise bajar los pies de la cama porque estaba enojada por razones que aún desconozco. Desperté con ganas de pelea:
Me pelee con el cereal porque se terminó.
Me pelee con el garrafón de agua del refrigerador porque apenas me alcanzó para rellenar mi botella dos veces y yo quería TRES o más.
Me pelee con la conexión a internet porque me sacó del messenger en varias ocasiones.
Me pelee con el clima porque primero hizo mucho calor y después aparecieron las nuebes negras. Esto significa que tuve que cambiar de outfit dos veces.
Me pelee con la mala memoria. Fui al banco y al llegar a la ventanilla recordé que no tenía el número de cuenta donde debía depositar (odié la cara de idiota que puse).
Me pelee con el teléfono. El técnico de Telmex me hizo casi diez llamadas de prueba para comprobar que el funcionamiento fuera el adecuado. Lo sé: él cumplió con su trabajo y debería estar agradecida, pero hoy odié levantarme a contestar esas llamadas y odié la decisión de no haber comprado un teléfono inalámbrico.
Me pelee yo sola con mi desorganización: se pasan los días y yo sigo haciendo planes que no he cumplido. Me peleo con mi gran defecto de sólo preocuparme en vez de ocuparme.
Me pelee con mi ataque de no-sé-qué-me-pasa-pero-por-favor-que-ya-se-me-quite.
Me pelee con mi falta de ternura. Mi
amorcito me llamó y me dijo cosas super lindas (entre otras cosas) y yo no me conmoví como suelo hacerlo y sé que no es justo.
Me pelee con mi propia pelea y siempre me sucede así.
Llega un momento en que debo explotar, pelearme con todo, parlotear, decir todo aquello que siento y pienso, enojarme, mentar madres... Posteriormente llega la calma y transformo el ring de pelea en una cama llena de almohadas para descansar. Una virgo como yo necesita pasar por este trance para reencontrarse consigo misma aunque lo odie y aunque no sea la actitud más madura. Así soy, así me acepto y así sé que la tormenta empieza a terminar. Eso me tranquiliza así como trabajar bajo presión por muy incongruente que suene. Mi solución es llenar los días de actividad productiva sin importar tanto la remuneración porque ahora necesito mover energía estancada de esta mente terrible que me causa muchos dolores de cabeza.
Siendo las siete de la noche encuentro mi centro otra vez.
Fueron casi doce horas de pelea.
Estoy agotada.
