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December 11, 2009
Nieve
Digo que se ve la soledad. Digo que es soledad porque se siente color blanco; es tan blanca la soledad que se matiza de azul para unirse con el cielo y ser infinita. La soledad es fría y vacía de ruido porque se llena de nosotros mismos.
July 13, 2009
Million dollar baby

Soy todo un caso y a veces me odio por eso.
Suelo tener episodios de estrés, marañas en la cabeza, ansiedad, histeria por la desorganización y un sinnúmero de actitudes que atacan a una buena virgo como yo. Y es terrible. Me convierto en el ser más odioso del mundo.
Y hoy sucedió.
Me desperté a buena hora, pero no quise bajar los pies de la cama porque estaba enojada por razones que aún desconozco. Desperté con ganas de pelea:
Me pelee con el cereal porque se terminó.
Me pelee con el garrafón de agua del refrigerador porque apenas me alcanzó para rellenar mi botella dos veces y yo quería TRES o más.
Me pelee con la conexión a internet porque me sacó del messenger en varias ocasiones.
Me pelee con el clima porque primero hizo mucho calor y después aparecieron las nuebes negras. Esto significa que tuve que cambiar de outfit dos veces.
Me pelee con la mala memoria. Fui al banco y al llegar a la ventanilla recordé que no tenía el número de cuenta donde debía depositar (odié la cara de idiota que puse).
Me pelee con el teléfono. El técnico de Telmex me hizo casi diez llamadas de prueba para comprobar que el funcionamiento fuera el adecuado. Lo sé: él cumplió con su trabajo y debería estar agradecida, pero hoy odié levantarme a contestar esas llamadas y odié la decisión de no haber comprado un teléfono inalámbrico.
Me pelee yo sola con mi desorganización: se pasan los días y yo sigo haciendo planes que no he cumplido. Me peleo con mi gran defecto de sólo preocuparme en vez de ocuparme.
Me pelee con mi ataque de no-sé-qué-me-pasa-pero-por-favor-que-ya-se-me-quite.
Me pelee con mi falta de ternura. Mi amorcito me llamó y me dijo cosas super lindas (entre otras cosas) y yo no me conmoví como suelo hacerlo y sé que no es justo.
Me pelee con mi propia pelea y siempre me sucede así.
Llega un momento en que debo explotar, pelearme con todo, parlotear, decir todo aquello que siento y pienso, enojarme, mentar madres... Posteriormente llega la calma y transformo el ring de pelea en una cama llena de almohadas para descansar. Una virgo como yo necesita pasar por este trance para reencontrarse consigo misma aunque lo odie y aunque no sea la actitud más madura. Así soy, así me acepto y así sé que la tormenta empieza a terminar. Eso me tranquiliza así como trabajar bajo presión por muy incongruente que suene. Mi solución es llenar los días de actividad productiva sin importar tanto la remuneración porque ahora necesito mover energía estancada de esta mente terrible que me causa muchos dolores de cabeza.
Siendo las siete de la noche encuentro mi centro otra vez.
Fueron casi doce horas de pelea.
Estoy agotada.
Suelo tener episodios de estrés, marañas en la cabeza, ansiedad, histeria por la desorganización y un sinnúmero de actitudes que atacan a una buena virgo como yo. Y es terrible. Me convierto en el ser más odioso del mundo.
Y hoy sucedió.
Me desperté a buena hora, pero no quise bajar los pies de la cama porque estaba enojada por razones que aún desconozco. Desperté con ganas de pelea:
Me pelee con el cereal porque se terminó.
Me pelee con el garrafón de agua del refrigerador porque apenas me alcanzó para rellenar mi botella dos veces y yo quería TRES o más.
Me pelee con la conexión a internet porque me sacó del messenger en varias ocasiones.
Me pelee con el clima porque primero hizo mucho calor y después aparecieron las nuebes negras. Esto significa que tuve que cambiar de outfit dos veces.
Me pelee con la mala memoria. Fui al banco y al llegar a la ventanilla recordé que no tenía el número de cuenta donde debía depositar (odié la cara de idiota que puse).
Me pelee con el teléfono. El técnico de Telmex me hizo casi diez llamadas de prueba para comprobar que el funcionamiento fuera el adecuado. Lo sé: él cumplió con su trabajo y debería estar agradecida, pero hoy odié levantarme a contestar esas llamadas y odié la decisión de no haber comprado un teléfono inalámbrico.
Me pelee yo sola con mi desorganización: se pasan los días y yo sigo haciendo planes que no he cumplido. Me peleo con mi gran defecto de sólo preocuparme en vez de ocuparme.
Me pelee con mi ataque de no-sé-qué-me-pasa-pero-por-favor-que-ya-se-me-quite.
Me pelee con mi falta de ternura. Mi amorcito me llamó y me dijo cosas super lindas (entre otras cosas) y yo no me conmoví como suelo hacerlo y sé que no es justo.
Me pelee con mi propia pelea y siempre me sucede así.
Llega un momento en que debo explotar, pelearme con todo, parlotear, decir todo aquello que siento y pienso, enojarme, mentar madres... Posteriormente llega la calma y transformo el ring de pelea en una cama llena de almohadas para descansar. Una virgo como yo necesita pasar por este trance para reencontrarse consigo misma aunque lo odie y aunque no sea la actitud más madura. Así soy, así me acepto y así sé que la tormenta empieza a terminar. Eso me tranquiliza así como trabajar bajo presión por muy incongruente que suene. Mi solución es llenar los días de actividad productiva sin importar tanto la remuneración porque ahora necesito mover energía estancada de esta mente terrible que me causa muchos dolores de cabeza.
Siendo las siete de la noche encuentro mi centro otra vez.
Fueron casi doce horas de pelea.
Estoy agotada.

January 27, 2009
En estado de alerta

Desde hace varias semanas he vivido una pesadilla laboral. Llegué a esta empresa hace seis meses con las ilusiones bajo el brazo y una maleta de experiencia dispuesta a compartir. Todo inició como cualquier trabajo nuevo: curva de aprendizaje, adaptación al nuevo lugar, horarios, responsabilidades, gente... Desafortunadamente pasaron los días de sonrisas para convertirse en uno de los capítulos más difíciles que he tenido a lo largo de mi vida profesional.
Mi jefa (a quien nombraremos pinche vieja) tiene la idea que el liderazgo debe ir acompañado de amenazas, terror y paranoia para funcionar y, con esto, lograr los objetivos impuestos para el departamento. En un principio yo pensaba que la del problema era yo porque nadie parecía darse cuenta de los malos tratos hacia proveedores u otras personas ajenas al departamento. Sin embargo, un día que me sermoneó sobre mi ruda forma de contestar emails por no poner "buen día" me atreví a comentarlo con mis compañeras de trabajo y de esta manera iniciaron las conversaciones a la hora de la comida sobre el trato déspota y las ridículas tareas que nos dejaba día con día porque, al final, debíamos re-trabajar porque 'no supo expresarse bien'.
En diciembre una de mis compañeras reunció por motivos personales. Más allá del giro que dará su vida sentimental, una de sus razones principales para tomar la decisión fue por la pinche vieja que la presionaba con cualquier cantidad de trabajo posible. Recuerdo que alguna vez le ofrecí ayuda con unos reportes y la pinche vieja me pidió que no me metiera porque no era mi responsabilidad. En otro lugar esto hubiera sido reconocido como "trabajo en equipo", pero no sucedió así, al contrario.
El asunto acá es que a finales del año pasado se desató lo peor. Uno de mis objetivos establecidos fue lograr que la empresa que nos brinda el personal en campo administrara varias regiones del país (cosa que antes debía hacer yo sola) siguiendo los lineamientos de la empresa que yo represento. En pocas palabras: hacernos socios de negocio. Me ilusionó esta parte ya que me encanta colaborar con la gente, establecer objetivos, trabajar en equipo y -obviamente- entregar resultados. Mi estilo de trabajo siempre se ha basado en el mutuo respeto y comunicación abierta. Siento que faltando uno de estos dos puntos los resultados empiezan a decaer y las sinergias mueren así que con estas personas (a quienes llamaremos los chingones) empecé a elaborar un plan estratégico. En nuestras primeras reuniones semanales me dediqué a conocer el funcionamiento interno de la empresa: organigrama, ubicación, antecedentes con otros clientes, sistemas y demás. Entre conversaciones les dejé en claro los objetivos a cumplir y pedí aportación de ideas para alcanzarlos rápidamente... La colaboración y entrega al trabajo de los chingones me dejó asombrada. Sin embargo, la pinche vieja empezó a exigir resultados en siete días y que los chingones entendieran nuestros procesos internos al primer contacto. Yo levanté la mano y pedí más tiempo, pero la respuesta fue tajante: "si empiezan con mentalidad mediocre desde ahora seguramente van a tronar... sobran empresas allá afuera que mueren por llevar nuestra cuenta" Yo me pregunto: ¿es mediocre cruzar por una curva de aprendizaje? y también me cuestiono ¿Cómo podemos exigir resultados a un proveedor que apenas empieza a colaborar 'de lleno' con nosotros?
Pocos días después estuve en las oficinas de los chingones haciendo una capacitación al personal y antes de irme llegó la directora de cuenta hecha un manojo de nervios. Venía de una junta con la pinche vieja quien no dejó de ningunearla por el mediocre trabajo realizado en una semana, la agredió profesionalmente por no llevar un archivo en excel como ella había solicitado, no quiso escuchar sus dudas y le tronó los dedos argumentando que no tenía tiempo de habladurías y que sólo quería ver lo 'importante'. Sobra decir que el hígado se me hizo añicos cuando me enteré que la pinche vieja habló a mis espaldas y se quejó del pésimo trabajo que yo estaba haciendo con ellos.
Regresé a la oficina con el coraje atravesado y se re-atravesó cuando me dijo que el proyecto estaba en peligro por la falta de habilidades de los chingones. Fue un viernes y los siguientes dos días la pasé fatal, entré en crisis. Me pareció injusto el mal trato hacia estas personas y mi trabajo de todos los días; me sentí agredida personal y profesionalmente con los insultos disfrazados de tanto tiempo que dejé pasar de largo. Entendí las razones por las cuales cinco personas antes de mí renunciaron a esta posición que ha estado bajo el mando de la pinche vieja. Comprendí que la paranoia que yo sentía todos los días cobraba mayor sentido y que ciertos comentarios de la pinche vieja en realidad eran amenazas para sembrarme miedo de perder un trabajo, un salario necesario para vivir. Estuve a punto de renunciar, lo acepto. Sin embargo, no me dejé vencer como el resto y tomé la decisión de abrir la boca.
Hoy estalló la bomba. Fui con recursos humanos a expresar mi sentir, dije abiertamente que no estoy de acuerdo con la dictadura de la pinche vieja porque no se alinea a la cultura de la empresa que tanto presume, dije también que me siento agredida y observada constantemente, confesé que todos los días me cuesta trabajo despertar para ir al trabajo y que la tensión que vivo todos los días está llegando al límite. Pedí mi cambio de posición a otra área o departamento lo antes posible y, quizás lo más importante, me mostré dispuesta a hablar con los ejecutivos de mayor rango si eso ayuda a que la pesadilla termine.
Estoy agotada, harta de no entender los porqués de esta situación. Diariamente busco señales que me indiquen la enseñanza de todo esto y me estoy llenando de amuletos para alejar las malas vibras de la pinche vieja. No sé cuánto tiempo deba pasar o aguantar hasta lograr mi cambio de posición o de empresa (am working on that too) y tampoco sé si estoy dispuesta a continuar con el desgaste emocional.
Me repito que soy más fuerte que esto y que la pinche vieja es un ejemplo a NO seguir jamás. Me repito constantemente que la del verdadero problema es ella y que yo debo manterme al margen de la situación. Me alucino repitiéndome que esto pronto pasará, pero también me pregunto: ¿Por qué? ¿Para qué?
Mi jefa (a quien nombraremos pinche vieja) tiene la idea que el liderazgo debe ir acompañado de amenazas, terror y paranoia para funcionar y, con esto, lograr los objetivos impuestos para el departamento. En un principio yo pensaba que la del problema era yo porque nadie parecía darse cuenta de los malos tratos hacia proveedores u otras personas ajenas al departamento. Sin embargo, un día que me sermoneó sobre mi ruda forma de contestar emails por no poner "buen día" me atreví a comentarlo con mis compañeras de trabajo y de esta manera iniciaron las conversaciones a la hora de la comida sobre el trato déspota y las ridículas tareas que nos dejaba día con día porque, al final, debíamos re-trabajar porque 'no supo expresarse bien'.
En diciembre una de mis compañeras reunció por motivos personales. Más allá del giro que dará su vida sentimental, una de sus razones principales para tomar la decisión fue por la pinche vieja que la presionaba con cualquier cantidad de trabajo posible. Recuerdo que alguna vez le ofrecí ayuda con unos reportes y la pinche vieja me pidió que no me metiera porque no era mi responsabilidad. En otro lugar esto hubiera sido reconocido como "trabajo en equipo", pero no sucedió así, al contrario.
El asunto acá es que a finales del año pasado se desató lo peor. Uno de mis objetivos establecidos fue lograr que la empresa que nos brinda el personal en campo administrara varias regiones del país (cosa que antes debía hacer yo sola) siguiendo los lineamientos de la empresa que yo represento. En pocas palabras: hacernos socios de negocio. Me ilusionó esta parte ya que me encanta colaborar con la gente, establecer objetivos, trabajar en equipo y -obviamente- entregar resultados. Mi estilo de trabajo siempre se ha basado en el mutuo respeto y comunicación abierta. Siento que faltando uno de estos dos puntos los resultados empiezan a decaer y las sinergias mueren así que con estas personas (a quienes llamaremos los chingones) empecé a elaborar un plan estratégico. En nuestras primeras reuniones semanales me dediqué a conocer el funcionamiento interno de la empresa: organigrama, ubicación, antecedentes con otros clientes, sistemas y demás. Entre conversaciones les dejé en claro los objetivos a cumplir y pedí aportación de ideas para alcanzarlos rápidamente... La colaboración y entrega al trabajo de los chingones me dejó asombrada. Sin embargo, la pinche vieja empezó a exigir resultados en siete días y que los chingones entendieran nuestros procesos internos al primer contacto. Yo levanté la mano y pedí más tiempo, pero la respuesta fue tajante: "si empiezan con mentalidad mediocre desde ahora seguramente van a tronar... sobran empresas allá afuera que mueren por llevar nuestra cuenta" Yo me pregunto: ¿es mediocre cruzar por una curva de aprendizaje? y también me cuestiono ¿Cómo podemos exigir resultados a un proveedor que apenas empieza a colaborar 'de lleno' con nosotros?
Pocos días después estuve en las oficinas de los chingones haciendo una capacitación al personal y antes de irme llegó la directora de cuenta hecha un manojo de nervios. Venía de una junta con la pinche vieja quien no dejó de ningunearla por el mediocre trabajo realizado en una semana, la agredió profesionalmente por no llevar un archivo en excel como ella había solicitado, no quiso escuchar sus dudas y le tronó los dedos argumentando que no tenía tiempo de habladurías y que sólo quería ver lo 'importante'. Sobra decir que el hígado se me hizo añicos cuando me enteré que la pinche vieja habló a mis espaldas y se quejó del pésimo trabajo que yo estaba haciendo con ellos.
Regresé a la oficina con el coraje atravesado y se re-atravesó cuando me dijo que el proyecto estaba en peligro por la falta de habilidades de los chingones. Fue un viernes y los siguientes dos días la pasé fatal, entré en crisis. Me pareció injusto el mal trato hacia estas personas y mi trabajo de todos los días; me sentí agredida personal y profesionalmente con los insultos disfrazados de tanto tiempo que dejé pasar de largo. Entendí las razones por las cuales cinco personas antes de mí renunciaron a esta posición que ha estado bajo el mando de la pinche vieja. Comprendí que la paranoia que yo sentía todos los días cobraba mayor sentido y que ciertos comentarios de la pinche vieja en realidad eran amenazas para sembrarme miedo de perder un trabajo, un salario necesario para vivir. Estuve a punto de renunciar, lo acepto. Sin embargo, no me dejé vencer como el resto y tomé la decisión de abrir la boca.
Hoy estalló la bomba. Fui con recursos humanos a expresar mi sentir, dije abiertamente que no estoy de acuerdo con la dictadura de la pinche vieja porque no se alinea a la cultura de la empresa que tanto presume, dije también que me siento agredida y observada constantemente, confesé que todos los días me cuesta trabajo despertar para ir al trabajo y que la tensión que vivo todos los días está llegando al límite. Pedí mi cambio de posición a otra área o departamento lo antes posible y, quizás lo más importante, me mostré dispuesta a hablar con los ejecutivos de mayor rango si eso ayuda a que la pesadilla termine.
Estoy agotada, harta de no entender los porqués de esta situación. Diariamente busco señales que me indiquen la enseñanza de todo esto y me estoy llenando de amuletos para alejar las malas vibras de la pinche vieja. No sé cuánto tiempo deba pasar o aguantar hasta lograr mi cambio de posición o de empresa (am working on that too) y tampoco sé si estoy dispuesta a continuar con el desgaste emocional.
Me repito que soy más fuerte que esto y que la pinche vieja es un ejemplo a NO seguir jamás. Me repito constantemente que la del verdadero problema es ella y que yo debo manterme al margen de la situación. Me alucino repitiéndome que esto pronto pasará, pero también me pregunto: ¿Por qué? ¿Para qué?
January 10, 2009
The Couch
January 8, 2009
Estoy, pero no soy

Ya no sé si reirme o llorar.
Hace unas semanas llegó a mi lugar de trabajo un tipo a comentarme un asunto laboral que no lograba entender ni relacionar con mis actividades/responsabilidades. Lo dejé parlotear (se veía muy desesperado) y al cabo de unos minutos le dije:
Hace unas semanas llegó a mi lugar de trabajo un tipo a comentarme un asunto laboral que no lograba entender ni relacionar con mis actividades/responsabilidades. Lo dejé parlotear (se veía muy desesperado) y al cabo de unos minutos le dije:
Ceteris: Disculpa, Fulano de Tal, pero sinceramente no sé si este tema en particular tenga que ver conmigo y no recuerdo haber autorizado las membresías que mencionas.
Fulano de Tal: Pues me mandaron contigo... eres Gabriela, cierto?
CP: Si, soy Gabriela. A mí se me hace que te confundiste de Gabriela porque habemos varias aquí y todas en diferente departamento.
FdT: Pero tú debes ser Gabriela Bustos, no?
Bajé la mirada hacia mi escote y le dije aún sonrojada:
CP: Estoy, pero no soy la persona que estás buscando. La Gabriela que buscas tiene su oficina al fondo del pasillo.
Fulano de Tal: Pues me mandaron contigo... eres Gabriela, cierto?
CP: Si, soy Gabriela. A mí se me hace que te confundiste de Gabriela porque habemos varias aquí y todas en diferente departamento.
FdT: Pero tú debes ser Gabriela Bustos, no?
Bajé la mirada hacia mi escote y le dije aún sonrojada:
CP: Estoy, pero no soy la persona que estás buscando. La Gabriela que buscas tiene su oficina al fondo del pasillo.
Ahi no termina todo, señores.
Hace un rato llegó Mengano a pregunatar otras cosas pensando -también- que yo debía ser Gabriela Bustos. Lo saqué del error rápidamente y no hubo mayor problema. Me sonrojé igual o peor que la vez pasada, pero creo que Mengano se avergonzó más al escuchar las risas de mis compañeros de trabajo.
Imaginen ahora la burla que me hacen.
A estas alturas creo que lo más sano es tomar la bella confusión como un cumplido.
Hace un rato llegó Mengano a pregunatar otras cosas pensando -también- que yo debía ser Gabriela Bustos. Lo saqué del error rápidamente y no hubo mayor problema. Me sonrojé igual o peor que la vez pasada, pero creo que Mengano se avergonzó más al escuchar las risas de mis compañeros de trabajo.
Imaginen ahora la burla que me hacen.
A estas alturas creo que lo más sano es tomar la bella confusión como un cumplido.
November 20, 2008
October 22, 2008
September 24, 2008
Esperanto

Quiero traducir
el lenguaje de mi cuerpo cuando calla
porque sólo en silencio encuentra la verdad.
September 2, 2008
June 29, 2008
Sabor amarillo

No es el sexo el que da placer, sino el amante
Marge Piercy (1932-)
Seguí el camino de tu espalda mojada y arrastré mis manos hasta tu cuello. Bajo la noche en calma abrimos paso al deseo de tenernos y entre susurros dejamos un beso que vive y come del secreto que guarda nuestra piel. He descubierto a tu lado que los ojos tienen la dicha de probar una vida en cada parpadeo. Tú lograste que salieran raíces de mis sentidos; en cada uno nacen cientos de ramas del otro que, a su vez, se une con el tercero. Te siento infinitamente dentro de mí: huelo tu corazón, acaricio tu mirada, pruebo tu sueño, veo tus palabras y escucho tu silencio. Con cada órgano y con cada sentimiento se transforma mi existencia en motor de universos inenarrables por donde viajamos a la velocidad congelada del tiempo. Mi alma aún empalagada renace y te recuerda todos los días con el primer rayo de sol que inunda éste espacio por las mañanas: apenas amarillo y abrigado por el aire fresco de un lugar que, por momentos, parece tan lejano.
June 8, 2008
De lluvia

No puedo contener las enredaderas que salen por las uñas, pero caigo en cuenta que es domingo y ha llovido. Mis hojas verdes tienen sed de tiempo, palabras y tierra. Fumaré dos cigarros, uno detrás del otro; sacaré humo por dos y entre cenizas albergarán las dos historias revueltas por la misma bocanada. ¿Cuántas versiones pueden existir sobre los hechos inexistentes?
Sé que una fracción del tiempo empieza a morir.
¿Vivimos por mero capricho del pasado?
Es domingo y mi cuerpo desea más durante las noches de lluvia. Aún en la oscuridad las enredaderas hermosean. Son tan verdes y radiantes, tan insoportables y mías.
June 5, 2008
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