October 27, 2010

Ceteri's Anatomy


Me urge un masaje de pies a cabeza que incluya harta enjundia en el cuello y hombros porque siento que traigo un mundo de presiones que cuelga como cabello de Rapunzel. Ojo: sólo me quejo del dolor, no de la cantidad increíble de cosas que lo ocasionan.
Mi trabajo en ventas de producto quirúrgico me "obliga" a pasar la mitad del día visitando hospitales, conociendo cirujanos (usuarios del producto) y entrando a quirófano como parte del servicio. Y sí: veo sangre, mucha sangre. Y no: no me da asco. Siempre me interesó la medicina, al grado que en algún momento de la vida pensé en ser médico; sin embargo, estudié algo totalmente diferente y ahora puedo involucrarme en el mundo maravilloso del cuerpo humano sin meter las manitas. Y me encanta. Independientemente de generar ventas para la empresa y de estar en un mundo corporativo, me gusta la idea de vender algo que puede traer grandes beneficios para el paciente, como reducir el tiempo de recuperación, y también para los (héroes) cirujanos ya que les facilita el trabajo. Siento que mi labor es humanitaria y eso es justo lo que yo estaba buscando. Aunado a esto, tengo la oportunidad de viajar a lo largo del caluroso sureste mexicano que me ha hecho ver otra realidad del país. Sucede que las clínicas y hospitales públicos tienen que subsistir bajo condiciones paupérrimas, con un presupuesto mínimo para atender a miles y miles de personas que sufren por su salud. Es inevitable recapacitar sobre la fortuna de algunos (me incluyo) que podemos acceder a atención médica privada y esto me ha hecho una persona más sensible con los pacientes y médicos. Muy a pesar que he visto varias apéndices, vesículas, intestinos (entre otras cosas) extirpados, no dejo de sensibilizarme sobre la familia que espera la pronta recuperación del paciente. Detrás de cada paciente existe un padre, unos hijos, o una esposa que mira el reloj esperando que su familiar salga bien de cirugía... Me he vuelto de corazón frío cuando se trata de ver sangre o alguna complicación en pleno quirófano, pero también me brota la parte sensible al momento de presenciar el nacimiento de un bebé. Es un milagro, una maravilla de la naturaleza. Hoy que comí con mi mamá me dijo que el hecho de brincar de una sensación a otra es también una de las razones por las cuales me encuentro agotada. Y tiene razón. El desgaste físico de viajar tanto más el choque de emociones es exhaustivo y difícilmente puedo expresar o explicar tantas cosas que veo todos los días. Eso me lo quedo yo para seguir reflexionando y agradeciendo al universo esta gran oportunidad de aportar algo, por muy poquito que sea, al mundo de la medicina.
Estoy feliz, agotadamente feliz.

1 Recaditos:

diosesargentino JULIANO said...

es bastante dicotómico el tema de la vida y la muerte en los hospitales. Qué alegría debe ser sentir la mejora de un paciente y qué tristeza la muerte de aquel al que queremos ayudar. saludos